En la historia de la música popular, ninguna banda ha generado un archivo tan vasto, caótico y fascinante como Grateful Dead. Pero mientras la mayoría de los historiadores se centran en la figura de Jerry García o en la evolución de su sonido psicodélico, el artista y autor Mark A. Rodriguez ha decidido poner el foco en el objeto que permitió que esa leyenda sobreviviera al paso del tiempo: el cassette pirata y, más específicamente, su arte de portada.
En su libro After All Is Said and Done: Taping the Grateful Dead, 1965-1995, Rodriguez no solo actúa como cronista, sino como un arqueólogo de una subcultura que operaba bajo sus propias leyes de diseño y generosidad.
1. El Cassette como Escultura: El Proceso Artístico de Rodriguez
Para el fanático de la música, un cassette es un contenedor de sonido; para Rodriguez, es una unidad dentro de una escultura conceptual. Durante la entrevista, reveló que su proyecto no se limita a la recopilación, sino a la transformación física de la memoria.
Desde 2010, Rodriguez trabaja en una serie de esculturas compuestas por miles de cintas. Su proceso es fascinante y, para algunos audiófilos, casi doloroso:
La paradoja de la degradación: Rodriguez busca completar la colección de cada show grabado, pero lo hace creando "generaciones" (actualmente va por la décima generación). Al copiar una cinta de otra sucesivamente, el sonido se degrada.
El número maestro: Cada "generación" artística de su obra comprende exactamente 3.072 cassettes.
La crítica al consumo: Rodriguez plantea que su obra es una respuesta a la cultura del coleccionismo capitalista. Mientras el mercado busca la "copia perfecta" o el "remaster definitivo", él celebra el error, el ruido de fondo y la desaparición del sonido como una metáfora de la impermanencia de la vida.
2. La Estética de la "J-Card": Del Minimalismo Técnico al Arte Vernáculo
El libro rescata la J-card (el inserto de papel) como una de las formas de arte folclórico más importantes del siglo XX. Al no existir una carátula oficial para los bootlegs, los fans se convirtieron en diseñadores gráficos por necesidad.
Rodriguez identifica dos corrientes principales en estas carátulas:
El Rigor del Taper: Fans que priorizaban la precisión casi científica. Anotaban con caligrafía técnica el modelo de micrófonos usados (Schoeps, Sennheiser), la marca de la cinta (Maxell XLII era el estándar de oro) y la cadena de duplicación.
La Psicodelia Manual: Dibujos a mano alzada, collages de revistas y reinterpretaciones de logos icónicos como el Steal Your Face. Rodriguez destaca figuras como Rick Griffin o el misterioso "Ice Cream Cone Kid" como influencias que permeaban desde lo oficial a lo amateur.
La Ironía Política: Un detalle destacado en la charla es el set de pases de backstage de Ray Negro para un beneficio por la selva tropical. Rodriguez señala la ironía de una banda de estadios, con una huella ecológica masiva, pidiendo justicia ambiental mientras el arte mostraba fuego y deforestación.
3. El Factor Improvisación: ¿Por qué no existe este fenómeno con Pink Floyd?
Una de las reflexiones más punzantes para cualquier melómano es la comparación que Rodriguez hace con otras bandas legendarias. ¿Por qué el intercambio de cintas es vital para los Deadheads y no para los fans de Pink Floyd?
La repetición vs. la conversación: Rodriguez señala que escuchar un bootleg de Pink Floyd de los años 70 puede resultar redundante porque la banda buscaba la perfección en la ejecución del mismo setlist noche tras noche. "Es como si estuvieran puliendo el mismo objeto", dice.
El riesgo del escenario: Grateful Dead, en cambio, utilizaba el escenario para "hablar" entre ellos musicalmente. Los tapers no grababan canciones, grababan momentos de flujo. Esa incertidumbre es la que generó la necesidad de tener todas las cintas: porque la "chispa" podía aparecer en un martes cualquiera en un gimnasio universitario y no volver a repetirse nunca.
4. Guía de Escucha: Las Recomendaciones de Mark A. Rodriguez
Para quienes deseen sumergirse en el universo sonoro que dio origen al libro, Rodriguez ofrece coordenadas muy específicas que se alejan de los lugares comunes:
La Era Brent Mydland (1979-1980)
Rodriguez confiesa una debilidad por el sonido del teclado Fender Rhodes de Brent. Describe esta etapa como una transición fascinante:
El tono: Un sonido "plinking" (tintineante) que interactúa de forma única con la guitarra de Jerry.
El ritmo: Describe canciones como Friend of the Devil en esta época con un tempo de "disco beat" pero ejecutado de forma sluggish (lenta/pesada). Es un sonido de "alta energía pero ralentizado", influenciado quizá por el consumo de sustancias de la época pero con una precisión técnica envidiable.
El Show Imprescindible: Dick's Picks 10 (29/12/1977)
Aunque el entrevistador menciona el final de 1978, Rodriguez apunta al cierre del Winterland en diciembre del 77.
Por qué escucharlo: Rodriguez lo define como un show "supercargado". Tiene la energía de un fin de año pero sin la "dejadez" interpretativa que a veces tenían los shows de año nuevo. Es, para él, la cima de la riqueza sonora de los Dead a finales de los 70.
Podes escucharlo acá:
Grateful Dead Live at Winterland Arena on 1977-12-29
5. El Futuro de la Memoria: Del Plástico a la Nube
El libro también aborda la transición hacia lo digital. Aunque Rodriguez reconoce que plataformas como Archive.org han democratizado la música, su obra defiende la fisicidad. En un mundo donde el algoritmo decide qué escuchamos, el cassette representa una elección manual y un esfuerzo físico.
Para los fanáticos de la música, la obra de Mark A. Rodriguez es un recordatorio de que un concierto no termina cuando se apagan las luces, sino que sigue vivo en el esfuerzo de quienes decidieron apretar REC y pasar horas dibujando una carátula para compartirla con un extraño.




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