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domingo, 16 de febrero de 2025

Historia del Rock Cordobés - Sex Pistols en Buenos Aires




Córdoba, República Argentina. Sábado 7 de diciembre de 1996.

SEX PISTOLS


Lo bueno, lo malo, lo feo


Imaginemos que estamos en el año 2009 y que Kurt Cobain _el ex líder del grupo norteamericano Nirvana_ no se suicidó. Pensemos que todo lo que cantó en rebeldía, y su llamado a las armas como la voz de su generación era (en el fondo) basura que él mismo abandonó en una bolsa de residuos. Y como Pancho por su casa, vuelve al Buenos Aires del siglo 21 a chillar como la chicharra revolucionaria del rock. Quizá nadie, o muy pocos, se conmoverían. Eso es más o menos lo que ocurrió con Johnny Rotten y su banda Sex Pistols, que fueron los fundadores del punk rock a mediados de los '70 en Inglaterra, y que el miércoles y jueves pasado ofrecieron sendos shows en Buenos Aires, desprovistos de la mística que los catapultó.

Ellos fueron los primeros que gritaron en canciones de dos minutos que la vida de los jóvenes en su Londres y en toda Europa no tenía futuro. Ahora, con más de 40 años sobre las costillas, sólo tienen pasado. Es muy probable que el par de millones de dólares que ganaron al reunirse para la actual gira los distraiga de un hecho muy concreto: están en cueros frente a su propia leyenda. Y lo que es más concreto afirmar, parece que ellos nunca creyeron de verdad en lo que estaban haciendo. 

Antenoche se retrataron desnudos de poder, como si al tomar el avión para los 60 shows de su tour mundial, hubieran olvidado los trajes del orgullo punk con el que patearon el traste de la Reyna y la cultura popular de su tiempo.

"Soy un anarquista / no sé lo que quiero / pero lo conseguiré / voy a destruir...", cantaron en una de sus emblemáticas canciones recordadas. Pero si el jueves eso sonó como un chillido hueco, es posible que 20 años atrás tampoco haya sido pronunciado como una voz fiel _o como el verdadero verbo del anticristo. 

Es casi seguro que ni el mismo Jonny Rotten creyó en lo que él decía en su iracunda juventud. Y en Buenos Aires, al evocar su épica, por momentos el ridículo se encarnó en cuerpo gordito de cuarentipico de años. 

Los que si creyeron _y tomados por una ingenua enfermedad_ terminaron quitándose la vida: Sid Vicius, bajista de los Pistols, y tiempo después el mencionado Cobain. En cambio, Rotten pasó a la historia como un pícaro, un bufón del rock que ha interpretado muy bien su papel desde el principio. Sus compañeros cuarentones, Steve Jones (guitara), Glen Matlock (bajo) y Paul Cook (batería), se mostraron mucho menos expresivos.




Por lo comentado en las veredas porteñas, en el espectáculo del jueves hubo menos abulia sobre el escenario que la noche anterior. Aunque en términos generales tuvo una duración y una dinámica poco convincente. Hubo un comienzo agitado y prometedor, con los músicos haciendo el mismo punk que inventaron en defensa artística y propia. 

Con Johnny Rotten cantando bien (siempre lo hizo bien y lo demostró como Johny Lindon cuando vino como solista años atrás). Con claridad, ímpetu y volumen, apoyadas por una sonoridad potente y limpia. Pero luego el tedio secó el sudor de los cuerpos, y si al principio todo el público saltó y se rozó mojados de gusto, el final los mostró secos.

Fue una lástima, pues las características de la audiencia _pibes marginales de los cuales muchos deambulan por la pobreza suburbana_ en muchos aspectos coincidió con el contexto de no futuro del que emergió el punk rock inglés. Quizá la respuesta la encontremos en los propios Sex Pistols, que con cierto profesionalismo y una alta cuota de cinismo intitularon a su gira Lucro sucio. 

El repertorio mostrado es idéntico al disco homónimo que grabaron en vivo, al iniciar el tour en Londres en el mes de junio. La placa es interesante y recibió buenas críticas en Inglaterra y en USA. Pero después de escucharlos en Argentina y en directo, debemos afirmar que Londres todavía queda muy lejos.

Luis Gregoratti


Fuente:

http://buscador.lavoz.com.ar/intervoz/96/12/07/ae_n2.htm


Historia del Rock Cordobés - Sex Pistols en Bs. As




Córdoba, República Argentina. Miércoles 4 de diciembre de 1996.

SEX PISTOLS EN BS. AS.


Los abuelos de esta nada

Si la mitología rockera dice que el punk fue uno de los últimos movimientos musicales contestatarios, ahora los Sex Pistols, como mentores de aquella agitación, vuelven para desmitificarlo todo. Entre hoy y mañana, la Filthy Lucre Tour (La gira del lucro asqueroso) que ellos protagonizan desde mediados de año, recalará en Buenos Aires, dos décadas después del mejor momento de la banda. Tras disolverse a comienzos de 1978, los Pistols se reunieron con sus miembros originales en 1996 para enfrentar desde el pasado a la camada de neo-punks encabezada por Green Day, Offspring y Rancid, que se ubican en la cresta de la moda de los '90.
De entrada, es contradictorio que el punk, surgido al amparo de la consigna "no hay futuro", se mantenga vigente. Pero el punk también fue caótico y, por eso mismo, nunca dejó de apelar a la contradicción como modus operandi. Salió a criticar la adicción de los hippies a los alucinógenos, pero no se ahorró el consumo de drogas mucho más pesadas. Emergió como una venganza de las pequeñas bandas contra los grandes sellos que no les permitían grabar, y terminó absorbido por las mulinacionales del disco.
La línea de largada se ubica a finales de 1975 en Londres, en el contexto de una Inglaterra que se debatía entre la crisis del Estado de Bienestar y los disturbios religiosos en Irlanda. Miles de adolescentes que no tenían más expectativas que vivir del cheque del seguro social, salieron a las calles y corporizaron la pesadilla que Anthony Burgess había predicho en su novela La naranja mecánica. Se vestían con prendas y adminículos sadomasoquistas, dormían en las veredas, se comportaban de manera violenta y generaban una "estética antiestética" que marcaría a fuego el arte del fin de siglo.
El triste y solitario final de la punkitud llegó tempranamente, como no podía ser de otra manera. En enero de 1978, los Sex Pistols dieron su última y bochornosa actuación en San Francisco, Estados Unidos, y un año después, con la muerte por sobredosis de Sid Vicious, bajista del grupo e icóno mayor del movimiento, se acababa la fiesta. Margaret Thatcher se convertía en Primera Ministra y The Police era el grupo más popular del mundo. Los punks comenzaban a invernar.
Las circunstancias son distintas en estos días. Los Sex Pistols, hoy flamantes cuarentones, vuelven para responder a aquellos que los acusaban de haber sido tan sólo un fenómeno comercial. Mejor dicho, vuelven para confimarlo, con un cinismo tan punk como sólo ellos podían incubar. Después de haber atravesado experiencias individuales disímiles, Johnny Lydon (Rotten), Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock se unieron tras el proyecto de reflotar el mito y pasearlo por las capitales del mundo con el orgullo de los que no tienen nada que perder.
Su público estará ahora repartido entre los teenagers cuyas cunas fueron mecidas por la mano de los Ramones, los marginales de los años '80 que los idolatraban casi tanto como a The Cure, y los punks de la primera hora, que los conocieron al impulso de la apertura a la importación durante los años del "reinado" de José Alfredo Martínez de Hoz. Mientras los Sex Pistols suenen en el estadio de Obras Sanitarias, manos anónimas continuarán con el eterno dibujo de grafitis que mantienen la consigna: "punk not dead" (el punk no está muerto).

Raúl Dirty Ortiz


Fuente:

LA CATEDRAL DEL ROCK: CRÓNICA COMPLETA DE "THE WAREHOUSE" DE NUEVA ORLEANS

I. GÉNESIS: EL SUEÑO QUE NACIÓ EN UN VUELO A NUEVA YORK La historia del Warehouse comienza con la epifanía de un joven llamado Bill en 1969....