¿Cómo puede ser que un género musical como el rock (sin dudas, un negocio rentable en el mundo entero) en Córdoba esté destinado a ser una expresión artística aislada?
Esta pregunta tiene tantas respuestas como responsables la coyuntura adversa que intentamos informar. Siguiendo ese propósito (el de demostrar el anacronismo que atravieza el rock cordobés), sólo basta decir que en momentos en que MTV e Internet absorben todas las expresiones rockeras del mundo, y las bandas argentinas (en realidad, las porteñas) se han readaptado a ese ordenamiento, en Córdoba todavía se está luchando para acceder a editar un disco en formato de compact disc y juntar un presupuesto mínimo para poder realizar un videoclip.
Otro dato contundente que deja bien sentado que el rock es una moneda escasa en nuestra ciudad, se puede obtener en una simple lectura de la nómina de espectáculos que tuvieron lugar en la apertura de la última primavera, en la que predominaron puestas cuarteteras y folklóricas. En Capital Federal, en tanto, las ofrendas primaverales de mayor concurrencia tuvieron que ver con el rock (50.000 personas fueron a ver Spinetta, A Tirador Láser y Geo Rama, y otras 3.000 asistieron a un encuentro que tuvo como números centrales a El Otro Yo, Fun People, Uaita y Tintoreros).
"Nos guste o no, el rock cordobés siempre estuvo a la sombra de lo que pasó en Buenos Aires", dice al respecto Juki Carrizo, un "histórico" que alguna vez interactuó con los próceres del rock argento en el escenario de La Falda, durante los primeros ochenta, y se siente con autoridad para referirse al fenómeno recesivo que afecta a la cultura rock.
Ahora bien, ¿se puede hablar de que faltan propuestas interesantes en nuestro entorno? De ninguna manera, porque lo que sobran son buenos grupos con perfiles bien definidos (Hammer, Sentencia, Los Bastarddos, San Emiliano, Ego Non Fui y Chotas Cabras, entre otros) y un importante número de seguidores. Pero sí contribuye a la consolidación de un panorama desalentador la actitud que adoptan los músicos cuando tienen la oportunidad de presentar su arte en directo, que deja la impresión de que no tienen nada para decir (generalmente, proscriben la emoción y ponen énfasis en consolidar una imagen de artista-divo).
Convengamos que esta observación no se da en todos los casos.
Lo que sí es un común denominador a todos los grupos, que conspira abiertamente con sus posibilidades de trascendencia, es la ausencia de salas. Este fenómeno es atípico a toda ciudad que, como la nuestra, se precie de tener un movimiento cultural intenso. Sin embargo, entre agobiantes normas municipales y la permanente persecución que tiene el público estrictamente rockero (por ejemplo, en Nueva Córdoba cualquier desmán siempre estará adjudicado a "chicos de cuero y tachas que escuchan rock pesado"), los propietarios de los pubs y otros espacios quedan condicionados a no permitir que se realicen actos de rock en su interior. En ese contexto, los músicos poco pueden hacer.
Rock, cuartetos y medios masivos
Es frecuente escuchar en boca de los músicos que Córdoba no tiene público para el rock. Nada más errado si se tiene en cuenta que el género siempre encontró en los festivales cordobeses una concurrencia masiva y, en la actualidad, los conciertos multitudinarios animados por foráneos son precisamente eso: multitudinarios. Entonces, cómo lograr que ese público ponga su atención definitivamente en nuestros grupos y no se disperse cada fin de semana entre propuestas que pueden divertirlo pero no emocionarlo (el mercado del ocio ofrece desde engendros tropicales hasta los nuevos desvelos de los dee jays).
Una de las posibilidades sería que los medios masivos cordobeses entendieran que el rock hace mucho que dejó de ser una suerte de "anticristo subversivo" y es un filón que puede dejar excelentes dividendos si se lo explota correctamente. Pero ajenos por completo a esta decisión empresarial, los músicos sólo se tienen que limitar a llevar gacetillas a las redacciones y esperar a que los difusores de las discográficas (grandes o pequeñas) se interesen por su obra.
Otro de los tópicos al que los músicos se refieren con insistencia en el emomento de explicar los porqué de su permanencia en el anonimato es el fenómeno de los cuartetos, al que consideran como uno de los principales obstáculos para que el rock abrace el mote de "masivo". Aunque nunca desacreditan la legitimidad de su expresión, saben que los cuarteteros montaron una industria imposible de desbaratar y en la cual el dogma de la "libre competencia" se transforma en una auténtica utopía. A estos factores, también se les puede sumar las permanentes disputas que existen entre nuestros principales productores de espectáculos rockeros (el concierto de Luis Spinetta, por ejemplo, es una postergación producida por este inconveniente), que determinan una cartelera vacía y la escasez de oportunidades para que los grupos se muestren ante un público que en condiciones normales nunca apreciaría sus propuestas.
Como se ve, el panorama para el rock cordobés es poco alentador. Sin embargo, nuestras bandas, que en invierno estuvieron prácticamente recluídas, amenazan con volver en primavera. Y evitar el naufragio saliendo de las turbulentas aguas del anonimato.
Germán Arrascaeta